jueves, 6 de diciembre de 2007

GOEBBELISMO EN GUERRERO

Los periodistas que no se han dejado cooptar ni han vendido sus plumas, sus voces o imágenes, al zeferinismo, han sufrido una terrible persecución, que nos recuerda la época del goebbelismo y el maccartysmo, el primero al servicio del nazismo y el segundo brutalmente anticomunista.

Paul Joseph Goebbels, fue uno de los hitlerianos más influyentes y el más leal, sumamente inteligente, estudio en nueve universidades, todas ellas de Alemania (Bonn, Wurburgo, Friburgo, Wurzburg, Colonia, Francfort, Munich, Berlín y Heidelberg, en esta última se doctoró en filología en 1921); nació el 29 de octubre de 1897, su vocación era la literatura y el periodismo, sin éxito. A la edad de 29 años Goebbels de ser un escritor oscuro, pasó a ser un activo de Adolfo Hitler. Fue un obsesionado y estratega de la propaganda que llevó a Hitler a una posición de liderazgo como en los tiempos del absolutismo, ambos sabían movilizar a las masas, intoxicarlas, ideologizarlas y ponerlas en acción contra el enemigo.

Goebbels al lado de Hitler hizo una meteórica carrera política, en ese mismo año de 1929, fue electo diputado y en 1933 ministro de propaganda, desde esta posición, Goebbels concentró en su poder omnímodo todas las manifestaciones de la cultura popular: el cine, el teatro, las letras, las artes, asimismo, el control sobre la radio y la prensa. Fue el que dio instrucciones para el incendio de veinte mil libros en la plaza de la Universidad de Berlín. Era el parteaguas del nazismo como un nuevo grupo en el poder sin límites.

Goebbels por la influencia de Hitler llegó a odiar a los judíos a muerte, en este odio se entendieron muy bien, a tal grado que muchos intelectuales alemanes de sangre judía tuvieron que huir de su país, como los de la Escuela de Frankfurt: Max Horkheimer, Herbet Marcuse Teodoro Adorno, Otto Horkheimer, entre otros intelectuales que establecieron en los Estados Unidos, donde fundaron a principios de la década del treinta, y fundaron la famosa Escuela de Frankfurt, con una orientación crítica al nazismo de Hitler y al fascismo de Mussolini. Asimismo, se exiliaron en Estados Unidos Thomas Mann y Einstein. Sin embargo, Goebbels, no fue un criminal de guerra como Adolf Eichmann, el mayor asesino del siglo XX, quien se refugió en Argentina, de esto la filósofa alemana-judía Hannah Arendt escribió un extraordinario análisis sobre el totalitarismo, como fue estudiado hace poco con Raúl Fernández Gómez, doctor en ciencia política y profesor del IIEPA-IMA-UAG.

Antes de la caída del nazismo, Hitller y Goebbels tuvieron la oportunidad de negociar la paz fundamentalmente con los rusos, sus más acérrimos enemigos, pero fueron necios, tercos (en estos se parecen Zeferino Torreblanca y José Luis González de la Vega); Henry Kissinger, escribe en su voluminoso libro La Diplomacia lo siguiente: “ Hitler rechazó la supuesta oportunidad, diciendo a su ministro del Exterior: Mire usted, Ribbentrop: si yo llegara hoy a un acuerdo con Rusia, volvería a atacarla mañana; simplemente no puedo evitarlo” (…) “En el mismo sentido habló a Goebbels. El momento era totalmente inoportuno; las negociaciones tendrían que ser precedidas por una victoria militar decisiva”. Todavía creía Hitler que después de rechazar el segundo frente podría conquistar Rusia. El resultado final, aun sigue siendo un misterio, pero la hipótesis más aceptable es que Hitler y Goebbels, y sus familias, se suicidaron en el búnker y quemados.

Los voceros del zeferinismo (Humberto Luebbert Sarmiento, Julio Ortega Meza, Manuel Nava García y Jorge Camacho Peñaloza), han querido utilizar los once principios de la propaganda de Goebbels, como aquellas famosas citas: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad” (…) “Miente, miente, que al final algo quedará” (…) “Cuanto más grande sea una mentira, más gente lo creera”. Pero Goebbels era un genio de la propaganda porque había estudiado en las mejores universidades de Alemania, en cambio los voceros del zeferinismo carecen de esa preparación, por eso el principio de simplificación y del enemigo único de Goebbels, no lo pueden llevar a cabo, porque son muy burdos por su falta de preparación e inteligencia.

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