miércoles, 13 de junio de 2007

EL PROFESOR UNA HISTORIA VERÍDICA

Agradezco la invitación que me hizo el autor para participar en esta presentación de su libro más reciente “El Profesor. Una historia verídica”. Asimismo, mi agradecimiento a la licenciada Leonila Castro Guevara, Regidora de Cultura del H. Ayuntamiento de Chilpancingo que preside Mario Moreno Arcos. Y haber alternado estos comentarios con la Leticia Atilano Caballero, directora del Museo Regional de Chilpancingo; e Isaías Alanís, intelectual, escritor y poeta.

El libro que hoy comento, es una historia de vida, porque en éstas, siempre se proyectan relaciones individuo-sociedad; porque los recortes de la realidad, no se dan en un vacío. En las biografías, el tiempo y el espacio, son coordenadas sistematizadoras del relato, son fundamentales para entender las ideas, las tradiciones, las costumbres, el folclore y los cambios que se comparten en un grupo social, ya sea urbano o rural.

El texto “El profesor. Una historia verídica”, es una enorme biografía humana de un profesor rural, de un comunicólogo y de un pintor paisajista; tres roles importantes de una vida cotidiana, reunidos en una sola persona, Alberto Bello Sánchez, oriundo de la ciudad de Tixtla.

Los escenarios geográficos que escribe el autor, son fundamentalmente dos, Coyuca de Benítez [municipio en el que nací] y Tixtla [ciudad en la que vivo actualmente desde 1993]. Coyuca de Benítez no ha sido cuna de grandes héroes como Tixtla, escasamente dos: doña Faustina Benítez, esposa del general Juan Álvarez; en 1952 El Congreso del Estado inauguró un monumento en su honor y le agregó el apellido Benítez a Coyuca, por eso se llama Coyuca de Benítez. El otro héroe es el general Diego Álvarez Benítez, hijo del general Juan Álvarez y doña Faustina. El general Diego Álvarez Benítez participó como diputado del Congreso Constituyente de 1856-57, fue tres veces gobernador constitucional del estado de Guerrero; siempre estuvo confrontado con el general Vicente Jiménez Bello, nacido en Tixtla, fue cuatro veces gobernador de Guerrero.

No es una mera casualidad que el autor del texto en comento, haya construido su historia de vida en estos tres roles: como escritor, porque Tixtla ha producido importantes escritores y periodistas, citaré algunos ejemplos emblemáticos: Ignacio Manuel Altamirano, Vicente Riva Palacio y Guerrero [nieto del general Vicente Guerrero, autor de “México a través de los siglos (1884-1889)”, Juan R. Campuzano, Ildefonso López Parra, y Melchor García Reynoso, ya fallecidos; y escritores que aún viven como: Margarito López Ramírez y Zhervando Basilio Rodríguez (el perro callejero).

En el ámbito de la pintura hay una pléyade de seguidores del muralista oriundo de Aguas Calientes, Jaime Antonio Gómez del Payán.

En el campo de la enseñanza, Tixtla es como los marineros “en cada puerto un amor”, y en esta tierra fértil de docentes, en cada casa hay por lo menos un profesor, seguidores del Maestro Ignacio Manuel Altamirano, Adolfo Cienfuegos y Camus, Beatriz Hernández García, Pedro Astudillo Ursúa (primer director de la Facultad de Derecho de la UNAM que fue reelecto y que en este mes de abril recibió un sentido homenaje póstumo), María Ramírez, Timoteo Moctezuma, Isaías Alarcón Astudillo, Alicia Nava Martínez, Ildefonso López Parra, Ladislao Cienfuegos Espíritu (“Ladis”), José González, Margarita Nava, entre otros grandes profesores que el espacio de este comentario resulta insuficiente para mencionar a todos.

En los 18 capítulos, publicados en 189 páginas, redactados en forma amena, con una prosa que invita a leer el libro en pocas horas, encontramos como dice la doctora Estela Quintar, de origen argentino y secretaria académica del Instituto Pensamiento y Cultura en América Latina [IPECAL], un recorte de la realidad, circunstancia en un presente vivido que, como acontecer siempre coyuntural, sintetiza en su composición una historia dada, una historia dándose y una historia por darse.

Una historia dada de Alberto Bello Sánchez cuando fue estudiante de la Escuela Rural Ayotzinapa “Isidro Burgos”, ubicada a unos cuantos metros de su tierra natal Tixtla y como profesor en dos comunidades de Coyuca de Benítez, en la región de la Costa Grande, en la parte de la sierra, me refiero a La Colonia del Río, eran los tiempos difíciles, los reductos de la guerrilla de Lucio Cabañas Barrientos y Genaro Vázquez Rojas, merodeaban esa parte, como relata el mismo autor en 1975. Al año siguiente, 1976, gracias al nuevo inspector de la zona, el profesor Ladislao Cienfuegos Espíritu [“Ladis”], descanse en paz, oriundo de Tixtla; Alberto fue cambiado a la comunidad de Atoyaquillo, un lugar más cerca a la cabecera municipal de Coyuca de Benítez. Las largas jornadas en una camioneta que rodaba por brechas entre piedras y lodo durante 3 horas difíciles y peligrosas, y 6 horas de una larga caminata, siempre con la zozobra de ser asaltado o asesinado, se redujeron, felizmente, a una hora.

Asimismo, en esta historia dada, Alberto nos recuerda sus estudios en la Normal Superior, la cual pertenecía a la Universidad Autónoma de Guerrero, en esta institución, en su afán de superación intelectual y personal, estudia la especialidad en inglés. El peligro que siempre le acechó durante los dos años en que ejerció la docencia a nivel de educación básica, el caudaloso río de Coyuca de Benítez [ese río que siempre arrastraba al puente en el mes de septiembre durante varios años], la presencia de guerrilleros y militares, animales peligrosos, todos estos peligros, no doblegaron ni quebraron al profesor, parafraseando al liberal Melchor Ocampo; nos recuerda también el libro “El miedo a la libertad”, de Erich From.

En la historia dándose, en la época de estudiante de la Escuela Normal, Alberto conoce a una estrella de cine en su camino a la Ciudad de México. El autor nunca da su nombre, sólo la describe como una bellísima mujer, michoacana de origen, la pinta en un cuadro al óleo, en el que la famosa artista lucía su cabellera rubia, el vestido transparente que usaba, mostraba, escribe, las razones que la habían hecho famosa. Ese cuadro que le lleva Alberto a la Ciudad de México a la estrella de cine, con quien entabla una amistad, transporta al profesor rural y luego profesor especializado en inglés, a una tercera etapa de su vida, que es la historia por darse.

En esa historia por darse, es cuando conozco al pintor Alberto en una exposición en la presidencia municipal de Tixtla, de sus cuadros más famosos, corría el año de 2003, el ahora ex alcalde Edgardo Astudillo Morales, me solicitó que pronunciara algunas palabras de bienvenida, recuerdo algunas de ellas:

En esa ocasión, señalé que la obra paisajista de Alberto Bello Sánchez, me recordaba la generación de los pintores Impresionistas del siglo XIX y principios del siglo XX, porque Alberto en sus cuadros utiliza los colores primarios puros, claros y vivos, es un pintor paisajista porque siempre busca la luz natural para pintar sus obras como lo hacían los pintores franceses de aquella época brillante, que le dieron un enorme esplendor a Francia, me refiero a los pintores del Impresionismo: Berhe Morisot, Claude Monet, Pierre Auguste Renoir, Camille Pisarro, Alfred Sisley, Armand Guillaumin, Edgar Degas, Paul Cézanne, Edouard Manet, Toulouse-Lautrec; y por supuesto los dos pintores que cerraron este ciclo extraordinario, que también fueron grandes como los iniciadores del Impresionismo: Paul Gauguin y Vincent Van Gogh. Modestia aparte, el autor de estas líneas, suele usar como portadas de La Carpeta Guerrerense, los cuadros de los pintores del Impresionismo.

Una historia por darse, porque Alberto, después de contar su periplo en los dos años [1975 y 1976] en que fue profesor rural en dos comunidades de Coyuca de Benítez [municipio de nacimiento del autor de este comentario], el pintor ahora de regreso a su natal Tixtla, donde se ha establecido finalmente. Su firmeza, su compromiso con la educación, le permitieron ya como licenciado en Ciencias de la Comunicación en el Colegio Holandés de la ciudad de México, estudios que concluyó en 1990. Ahora con la tranquilidad de la vida cotidiana y el buen clima de Tixtla, se dedicará a pintar más obras, que sin duda alguna, van a enriquecer su producción artística como pintor paisajista y por supuesto escribirá más libros, porque su historia de vida no se agota en la pintura, por eso él ha entrado a una historia por darse.

Regreso a la doctora Estela Quintar, cuando escribe que, el currículum, que tanto invade la problemática didáctica, se construye con base a los recortes de la realidad de los sujetos históricos que conforman una comunidad (La Colonia del Río y Atoyaquillo, donde ejerció la docencia a nivel básico), resignificándose el saber universal-científico y disciplinar en el propio sujeto y su subjetividad que se historiza en los recortes de vida.

El texto El Profesor, de Alberto Bello Sánchez, es también una didactobiografía, porque es la acción por la cual el enseñante provoca en los sujetos de aprendizaje evocaciones de recortes de su vida, de su biografía, vinculando, desde la revisión de sus intereses, la realidad y constructor de interpretación científica con el fin de potenciar el reconocimiento de la explicación científica, transitándola por la propia geografía psíquica y corporal.

Alberto, para redactar sus vivencias, su pasado, su presente y su futuro, desde que tomó una pluma y un cuaderno de principios de 1997 hasta el 2000, es decir, después de 22 años en que trabajó en dos comunidades de Coyuca de Benítez, partió de su propia historiografía, porque es la columna de su pueblo como segunda cuna después de Tixtla, al que tanto quiere y añora, ya que entre el pasado y el presente hay una relación estrecha que mirar el pasado no es otra cosa que ocuparse del presente para construir el futuro.

A manera de conclusión
Sintetizando los principales trazos del texto El Profesor. Una historia verídica, del autor Alberto Bello Sánchez, hago los siguientes apuntalamientos:

El autor seleccionó un tema la comunidad, específicamente en dos de las sierra de Coyuca de Benítez, La Colonia del Río y Atoyaquillo. El tema de la comunidad ya ha sido tratada por sociólogos como el caso de Max Weber, cuando escribió su texto más importante “Economía y Sociedad”, en 1909, ahí el sociólogo alemán habla de la comunidad a la que el llama en su idioma “Gemeinschaft”.

En el 2003, coincidiendo en el mismo año en que Alberto publicó el libro en comento, otro sociólogo judío, profesor emérito de la Universidad de Leeds, Inglaterra, Zygmunt Bauman, autor de la teoría Modernidad Líquida, uno de los sabios del momento a sus 82 años de edad, publicó su texto más reciente “Comunidad. En busca de seguridad en un momento hostil”.

El tema de la comunidad es de vital importancia, sobre todo para los países del Tercer Mundo en el que estamos inmersos, porque el movimiento antiglobalización, también denominado Altermundista o Alterglobalización, es un movimiento surgido como respuesta a la globalización del Neoliberalismo, un sistema rampante y explotador.

Finalmente, Alberto Bello Sánchez, se vio en la necesidad de replantear el tema de la comunidad, pero desde sus vivencias, escribiendo un trozo de su vida, como profesor en las comunidades de Coyuca de Benítez. Sin proponérselo, el autor, evoca al sociólogo francés Pierre Bourdieu, que dice: “Aquellos que tienen la oportunidad de dedicar sus vidas al estudio del mundo social, no pueden permanecer neutrales e indiferentes, en frente de las luchas que tendrá que afrontar el mundo en el futuro”.

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